Un cosmos de amor y odio

Troya (Juan de la Corte)
Troya (Juan de la Corte)

Dios sólo cometió un error: «El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo»1. Este error llenó el mundo de dioses de baja estofa dedicados a perpetuar una guerra cuyo fuego nada tiene que ver con el λόγος de Heráclito. Pero hay algo en la arcaica filosofía del “oscuro” (σκοτεινός) que parece apuntar a una obvia verdad en el sentido prefilosófico de la palabra, a saber, una extraña «armonía» fundamentada en lo “contrapuesto”. Caín y Abel eran hermanos, y ya se sabe quién mató a quién: «Es la clase. En un cartel / se representa a Caín / fugitivo, y muerto Abel, / junto a una mancha de Carmín»2. Somos seres errantes que erramos en un oscuro y cambiante κόσμος donde los astros brillan azarosamente sin que ninguna ley esté presente.

Si por lo menos existiera un Ἔρως capaz de unir e inmovilizar este κόσμος para siempre, entonces la realidad nunca más volvería a estar sometida al disgregador Νεῖκος. Pero con esto habría un inconveniente: el Ser de Parménides sería una realidad, lo que supondría un triunfo de los inmovilizadores del todo, o sea, se establecería el imperio del silencio. Comoquiera que sea, el odio mueve montañas porque éste no sabe encerrarse en sí mismo y echar la llave en el pozo del olvido. No, el odio siempre quiere salir afuera y saltar de cabeza en cabeza: es un experto agitador cuya arma se llama psicoanálisis negativo. El paraíso es tan breve como una sombra humana porque así lo manda el odio.

Cartago fue destruida en el 146 a.C. y la destrucción sigue su curso. Hoy una Roma impera este mundo; mañana la mencionada Roma caerá y arderá como Troya. Por lo demás, ninguna filosofía traerá la Verdad. Hablo de una verdad más pura que aquel juego lógico de Parménides. ¿Pero una verdad pura no es una pura mentira? El fracaso es el fin de todo lo humano, y la verdad es humana, demasiado humana. Ojalá que los números estuvieran gobernando el mundo, así podríamos manejar verdades de un modo legítimo. Pero será cuestión de dejar de fantasear y limitarse a la contemplación desde la cresta de una ola del espacio-tiempo de una poesía cuyos versos son naranjos encendidos «con sus frutos redondos y risueños»3.

1Génesis, 5:1.

2A. Machado. Fragmento del poema Recuerdo infantil.

3A. Machado. Fragmento del poema La plaza y los naranjos encendidos.

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Agua, besos y secretos

En referencia al agua, decía Lorca en unos versos: «ella lleva secretos / de las bocas humanas, / pues todos la besamos / y la sed nos apaga.»1 Y yo me pregunto: ¿el agua mantendrá guardados tales secretos o en algún momento quedarán al descubierto? El agua brota y da vida. No es extraño, pues, que Tales dijera que ella es ἀρχή. Pero ἀρχή no quiere decir sólo “principio”, sino también “mando”, y quien manda, tal como señalaba Maquiavelo, está autorizado a mentir de vez en cuando. Así que, el agua lleva “nuestros” secretos y está legitimada a mentirnos, esto es, cubrir intencionadamente con sombras (apariencias) todos esos secretos. Que nadie se extrañe de ello, pues en el fondo Φύσις κρύπτεσθαι φιλεῖ (A la naturaleza le gusta ocultarse)2. Sí, el agua es φύσις y ἀρχή… es vida, y la vida es secreto de secretos que cada uno de nosotros tratamos de desvelar de una manera u otra. Queremos comprender, queremos ἀλήθεια (no-ocultamiento, la verdad), y mientras hay un secreto, hay algo que no está des-cubierto.

Este relato es un juego de niño que no puede dormir porque no comprende. Y sólo alguien capaz de reconocer el signo del secreto puede sentir simpatía por un juego como este, un juego que requiere seriedad, pues deslindarse aquí de la seriedad es lo mismo que estar ciego al λόγος. Por eso uno acaba riéndose de sí mismo, porque la seriedad del juego conduce a la risa. Quien no se ríe es aquel para quien el secreto está seco, sin agua, sin vida; quien no se ríe es aquel que sólo es capaz de mover el dedo y señalar el cadáver del no-ser en medio de un desierto de arena quemada por el sol. Pero incluso en un desierto así puede haber un oasis, esto es, ahí donde el agua guarda los secretos de las bocas humanas, de unas bocas que ni siquiera son conscientes de lo que han entregado a esta líquida φύσις que gobierna en su fluir la vida misma. Con todo, ¿cuándo el agua nos pone al descubierto un secreto? Mirad esas «divinas heridas de diamante»3.

1Versos del poema Mañana de F.G. Lorca.

2Heráclito, B12.

3«Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio / y le dejan divinas heridas de diamante.» (Versos del poema Lluvia de F.G. Lorca).

Kant: ¿qué es el hombre?

Kant
Immanuel Kant

A principios del s.XXI impera (en occidente) una conciencia que dice: la modernidad ha quedado superada. ¿Qué quiere decir esto? Que la posmodernidad deja atrás la “plena” confianza en la razón que caracterizó a la Ilustración. Y es que el s.XX resultó ser, por decir así, una crónica de horrores, lo cual hizo desvanecer en muchos sentidos la ilustrada fe en la razón. Kant ya había advertido que con la “razón” no sólo hay “luces” sino también “sombras” y que, al fin y al cabo, decantarse hacia un lado u otro depende del ser humano y el uso que haga de la razón. En efecto, Kant «no se llamaba a engaño acerca de la propensión a la maldad del ser humano, lo que le llevó a hablar de “el fuste torcido de la humanidad” […]»1. La experiencia del s.XX -y la experiencia que nos trae el siglo actual- hace que sobren motivos para desconfiar de la “razón” y que, en algún punto, todos seamos posmodernos. Pero el prefijo “pos-” implica que el posmoderno sigue “afectado” por la Ilustración. Entonces, ¿qué somos? Frustrados ilustrados con sed de nuevos valores.

1Muguerza, Gómez, C., Muguerza, J., 2007, pág.121.

Mundo exiguo: estrechez de pensamiento

Dostoevskij_1876
Fiódor Dostoyevski

Empieza una novela de Dostoyewski diciendo su protagonista: «He observado que en las habitaciones exiguas, los pensamientos padecen estrechez»1. ¿Y nuestro mundo no resulta cada vez más exiguo? Acaso el pensamiento -y esto es sólo una suposición- sufre estrechez por ello y de ahí este obstinado error en “lo mismo”. Si la historia que explica Heródoto «es una crónica de conflictos entre griegos y asiáticos […]»2, la historia humana, en el sentido más amplio, es “una crónica de conflictos” que, mirados con un “microscopio de laboratorio de neurólogo”, deja entrever toda una caterva de individuos con las invariables neurosis de siempre.

¿Es la historia un cuento contado por un idiota? No, la historia es siempre el resultado de la acción de unos neuróticos dominadores seguida por huestes de neuróticos dominados por aquéllos. Y hoy que el mundo se ha hecho más exiguo, sigue moviéndose al compás de esta dialéctica de neuróticos. Y el pensamiento contemporáneo, en efecto, sufre los embates de la neurosis de nuestros tiempos, unos tiempos en que la información digital alimenta las huestes de neuróticos. Curiosamente, a pesar de la abundante “información”, lo que está pasando hoy es muy similar a lo que pasaba en aquella Atenas “degenerada” donde los demagogos hacían su agosto.

Pero, ¿quién o qué tiene la culpa de que el mundo se nos haya vuelto tan exiguo y que nuestro pensamiento se haya estrechado tanto? Muchos culpan al capitalismo, acusándolo de “inhumano”: «Este capitalismo es incompatible con la vida humana»3. Otros no critican directamente al capitalismo sino sólo ciertas consecuencias de éste: «la vida no invita a pensar»4. Sea como fuere, la estrechez de este pensamiento que palpita en un mundo cada vez más exiguo está dominado por el capitalismo, por lo que es legítimo sospechar de él. Pero dejando a un lado esa “sospecha”, lo que resulta más evidente -insisto, todo esto es una suposición- es que tal estrechez es el abono perfecto para ciertos tipos de neurosis.

1Dostoyewski, Humillados y ofendidos.

2Rhodes, La antigua Grecia.

3Rendueles, Filco.es, 6/7/18

4Sloterdijk, Elpais.com, 4/5/19.

Universal brutalidad

Las rosas se suicidaron
bajo una lluvia de fuego.
La brutalidad es el λóγος
que gobierna el mundo.
Detrás de toda belleza
hay algo inhumano.
El mundo no es responsable
de su monstruoso ser:
ser para el fracaso.
Todo está permitido
porque Dios es un monstruo
tan inocente como un niño.
El bien y el mal viven
en las entrañas de un ser
de precaria inteligencia.
La felicidad de los Hiperbóreos
acabó entre llantos
y frías cenizas.
La inmortalidad se ahogó
en sus propias lágrimas.
¿Qué son los hombres?
Espectros que tiemblan
en las negras sombras
de la universal brutalidad.

«Progreso» en el tiempo

Kant sospechaba que el «progreso» llevaba tara porque contemplaba en la condición humana una «sociabilidad insociable». Por eso el filósofo de Köningsberg descartaba la posibilidad de escribir la historia “por adelantado”. Hegel y Marx veían el asunto del «progreso» con unos ojos distintos a los de aquél. Con tales ojos los mencionados vislumbraban un “punto final” sustentado en una teleología ajena a la filosofía del de Köningsberg. Nietzsche consideró la idea del «progreso» del siguiente modo: «no es más que una idea moderna1; esto es, una idea falsa»2. En efecto, para Nietzsche el «progreso» era una falacia, y añadía: «La humanidad no avanza, ni siquiera existe […] [Pero ya que] el tiempo corre hacia delante, nos gustaría creer que todo lo que él contiene, de la misma forma, corre hacia delante, que la evolución es una evolución progresiva»3. Tal vez Nietzsche supuso demasiado al considerar la existencia de un tiempo que «corre hacia delante», pues por ahora, hasta donde yo alcanzo, nadie ha sido testigo del tiempo mismo. ¿Quién tiene constancia de que el tiempo existe? Ahí afuera (y en el interior de cada uno) todo está sujeto al movimiento (al cambio) -en esto estamos muy de acuerdo con Heráclito. ¿Tiempo? ¿Qué es eso? Para explicarnos la realidad somos capaces de inventarnos los más imaginativos ectoplasmas, y si nos “funcionan” los consideramos verdaderos. Sí, el tiempo nos resulta muy pragmático a pesar de su inexistencia.

Pero volviendo al «progreso», Ernst Bloch se inspiró en Hegel y Marx para visualizar un happy end, pero no quiso pecar de excesivo optimismo -tal vez aquí imitó a Kant- y habló de una esperanza “frustable”: la esperanza «lleva en sí eo ipso la precariedad del fracaso: no es seguridad»4. A juicio de Bloch, la esperanza, si se puede decir así, lleva en su ADN «no-garantía». ¿Esperanza? Esa es la palabra favorita de los salvadores, y ahí donde hay un salvador -nos dice Bloch- crece también el peligro. ¿Qué nos dice la antigua sabiduría romana de la salvación? La salvación está en el pasado, en los ancestros (los más grandes). Y cuando la idea de «progreso» se populariza en el S.XIX convirtiéndose en un concepto dominante (duramente criticado por Nietzsche como ya se ha visto) para explicar el movimiento de la historia, lo que se está popularizando es una fantasía salvífica de Marx: el «reino de la libertad», esto es, un lugar donde no hay clases ni guerras (un universo original similar al «gobierno aborigen itálico de Saturno, cuando ninguna ley “encadenaba [a los hombres] a la justicia”»5).

1Las ideas modernas y el «gusto democrático apuntan a una aspiración a la ¡universal y verde felicidad-prado del rebaño, llena de seguridad, libre de peligro, repleta de bienestar y de facilidad de vivir para todo el mundo!» (Nietzsche, 2012).

2Nietzsche, 2016.

3Nietzsche, Voluntad de Poder. Apud Arendt, 2002.

4Ernst Bloch, ¿Puede frustrarse la esperanza? Apud Gómez, 2014.

5Arendt, 2002.

El teratólogo (+audio)

Sí, yo soy teratólogo,
y por eso me estudio.
Un principio me mueve:
es la individuación
hecha de soledad.
Patético rincón.

Yo soy gota de monstruo:
fracasada molécula
en un mar de fracasos.
Desperdiciada fuerza
perdida en tristes sueños
de monstruos solitarios.